@nglicanos.net  La Semilla de Fe N°94: Entre el Dolor, la Perplejidad y la Certeza.*

Cuando nos pasa algo trágico como un accidente automovilístico, el suicidio de un ser querido o la enferme- dad terminal, nos quedamos asustados, confundidos a veces hasta paralizados temporalmente.  Reaccio- namos con preguntas profundas: ¿Cómo puede ser?  ¿Por qué me / le pasó eso?  ¿Dónde estaba Dios?  Buscamos explicaciones pero no siempre satisfacen plenamente.

El Dolor
Lo cierto es que pasamos por eventos, golpes y experiencias que prueban nuestra fe y entendimiento de los propósitos de Dios.  A nivel nacional hay crisis, sustos y desastres; a nivel internacional por ejemplo, vimos el horroroso terrorismo del 11 de setiembre, 2001.  Luego a nivel personal o familiar, pasamos por el dolor, la enfermedad, aún una tragedia en la familia.  Hay momentos fuertes, especialmente frente a la muerte misma, cuando parece que algo interrumpe en nuestras vidas, despertándonos rudamente.  
     Los escritores de la Biblia también afrontaron estas experiencias haciendo las mismas preguntas.  Job pasó por la tragedia y las pruebas más fuertes imaginables: la pérdida de sus propios hijos, su fortuna y su salud.  Su primera reacción fue “El Señor dio y el Señor quitó”.  Luego de las largas conversaciones con sus “amigos” Job confesó con humildad su pequeñez ante Dios:
     ¿Quién soy yo para dudar de tu providencia, mostrando así mi ignorancia?
     Yo estaba hablando de cosas que no entiendo,
     cosas tan maravillosas que no las puedo comprender. (Job 42:3) 

La Perplejidad
En Eclesiastés leemos la reflexión de uno que meditó mucho sobre el sentido de la vida y llegó al final a lo que podríamos llamar un ‘agnosticismo realista’, es decir que no tenía todas las respuestas a las preguntas profundas y lo inexplicable de la vida.  
     “En el día del bien goza del bien, y en el día de la adversidad, reflexiona. Dios hizo tanto el uno como el otro, a fin de que el hombre no sepa qué trae el futuro.” (Ecles.7:13)  Eso debería ser nuestra actitud: reflexionar, y admitir que no tenemos las respuestas a todo lo inexplicable.
    
La Certeza
Junto con el dolor y la perplejidad, muchas veces vemos con el tiempo propósitos más allá de nuestras limitadas mentes.   Las pruebas son duras pero podemos confirmar que el propósito divino era “para que las obras de Dios se manifiesten”.       Además estamos convencidos que NADA “ni la muerte ni la vida, ..., ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.”  (Romanos 8:38-39)
     A la vez, en momentos difíciles, podemos aferrarnos a las Escrituras, como el Salmo 130, sin temer las lágrimas (que son sanadoras); podemos también, dentro de un marco de plena certeza en los perfectos propósitos de Dios, permitir un lugar para estar perplejos y desorientados para que Dios nos hable y así digamos con Job:  “Hasta ahora, solo de oídas te conocía,  pero ahora te veo con mis propios ojos. (42:5)

Oración:
Señor Jesús, muchas veces no entendemos por qué pasan las cosas y cuestionamos el propósito del dolor.  Tú también  pasaste por el dolor intenso y siempre confiaste en tu Padre.  Ayúdanos a ver su mano en todo y aprender de todas las experiencias.  Te alabamos que NADA nos podrá separar del amor de Dios, y que no habrá más dolor ni sufrimiento cuando estemos juntos contigo en la eternidad.  Amén.

Lecturas: Salmo 130 ; Romanos 8:28-39; 2 Corintios 1:3-4
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Tomado de: www.anglicanos.net  "juntos en la Red"  | Preparado por: Pastor Tony Somervell,  Asunción, Paraguay, julio 2002