Con la reciente caída de un puente en
Miniápolis, EEUU, el terrible terremoto en Perú y
los huracanes en el Caribe, sin olvidarnos de las guerras
incesantes y las tremendas inundaciones en el sur de Asia este
año que han afectado a unas 20 millones de personas, la gran
pregunta surge nuevamente: ¿Por qué ocurren los
desastres?
Espero que el siguiente artículo (1) de una agencia
para-eclesiástica responda a algunos de estos cuestionamientos
que todos tenemos.
“APENAS PASA UNA SEMANA sin que sepamos de
algún tipo de desastre en las noticias – terremotos,
golpes de estado, inundaciones, sequías, guerra civil, terribles
accidentes. Nadie conoce el futuro ni sabe dónde ocurrirá
el siguiente desastre...
Como resultado de una hambruna en un país
africano hace algunos años, mucha gente perdió la vida.
Algunos dijeron que Dios estaba castigando al país porque el
gobierno había perseguido a la iglesia. En Ezequiel
14:12–20 tenemos un ejemplo muy claro del desastre visto como
juicio de Dios. ¿Es cierto que los terremotos, las inundaciones
y las hambrunas son un castigo de Dios? A no ser que Dios se haya
revelado de una manera profética, no se sabe si son castigo de
Dios o no.
Debemos tener mucho cuidado antes de afirmar que un desastre es un castigo.
Y aunque lo fuera, no debería afectar nuestra compasión
hacia los afectados. En el Antiguo Testamento algunos de los
desastres como el diluvio, la torre de Babel, Sodoma y Gomorra, son un
juicio de Dios. Pero hay muchos otros desastres en la Biblia –
tales como la hambruna en Egipto en el tiempo de José –
que no son considerados como un castigo de Dios, sino como un
acontecimiento natural.
No podemos dar una explicación fácil
para cada desastre. En cambio, deberíamos buscar cuáles
son los propósitos de Dios en cada situación distinta.
Nehemías, por ejemplo, no se apresuró a construir los
muros de Jerusalén. Primero le preguntó a Dios,
‘¿Dónde estás tú en todo esto?
¿Por qué ocurrió y qué deberíamos
hacer?’
Necesitamos preguntarnos si realmente pasamos
suficiente tiempo con las víctimas y si juntos hemos tratado de
buscar la razón del desastre? En cada situación debemos
preguntarle a Dios cuál es su propósito para ese evento.
La iglesia también debería tener cuidado de no explotar
una situación de desastre.
‘Si no se arrepienten de sus pecados y si no vuelven
a Cristo, Dios les castigará con otro desastre’. Este fue
el mensaje de un evangelista que estaba predicando en la India en un
pueblo en Andhra Pradesh después de un fuerte ciclón. A
no ser que Dios haya revelado claramente sus acciones a la iglesia,
ningún dirigente cristiano tiene la autoridad de declarar que
ese desastre en particular ocurrió como un castigo de Dios.
Algo bueno puede salir de una situación de
desastre. Por ejemplo, el resultado de la sequía en Israel y el
Medio Oriente, fue que a José lo nombraron gobernador de Egipto
y trasladó a los Hebreos a Egipto donde se radicaron y crecieron
en número. En Hechos 16:16–40, el terremoto en Filipos le
dio la oportunidad a Pablo para compartir su fe – el carcelero y
su familia se convirtieron y Pablo fue liberado al día
siguiente. En el Nuevo Testamento, los desastres muchas veces daban a
los creyentes la oportunidad de compartir juntos y también con
los que no creían.
Dios es todo poderoso y puede sacar cosas buenas
aún de la tragedia de un desastre, así sea un castigo o
un acontecimiento natural.”
LECTURA: Lucas 13:1-5; Romanos 8:18-30
Oremos: Padre
Celestial, te alabamos porque eres Soberano en todas las cosas. Tus
pensamientos y tus caminos no son los nuestros; tú eres justo y
perfecto en todos tus caminos. Gracias también por esta
seguridad que tenemos al confiar en Ti; pedimos por aquellos que
están pasando por duras pruebas por las guerras y tragedias que se acerquen a Ti y
encuentren paz. En el nombre de Jesús pedimos.
Amén.