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Oraciones Poderosas II (Nehemías
1)
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«Señor, Dios del cielo, grande y
temible, que cumples el pacto y eres fiel con los que te aman y obedecen
tus mandamientos, 6 te suplico que me prestes
atención, que fijes tus ojos en este siervo tuyo que día y
noche ora en favor de tu pueblo Israel. Confieso que los israelitas,
entre los cuales estamos incluidos mi familia y yo, hemos pecado contra
ti. 7 Te hemos ofendido y nos hemos corrompido mucho; hemos
desobedecido los mandamientos, preceptos y decretos que tú mismo
diste a tu siervo Moisés.
8 Recuerda, te suplico, lo que le dijiste a tu siervo Moisés: Si ustedes pecan, yo los dispersaré entre las naciones: 9 pero si se vuelven a mí, y obedecen y ponen en práctica mis mandamientos, aunque hayan sido llevados al lugar más apartado del mundo los recogeré y los haré volver al lugar donde he decidido habitar. 10 Ellos son tus siervos y tu pueblo al cual redimiste con gran despliegue de fuerza y poder.11 Señor, te suplico que escuches nuestra oración, pues somos tus siervos y nos complacemos en honrar tu nombre. Y te pido que a este siervo tuyo le concedas tener éxito y ganarse el favor del rey.» (Nehemías 1:5-11)*
Esta oración de Nehemías
demuestra un sincero acercamiento y profunda confianza en
Dios. Desde el exilio, sirviendo al rey de Babilonia,
Nehemías se entera que la ciudad de Jerusalén estaba en
ruinas. En realidad, ni había conocido personalmente la
ciudad pero era la ciudad de sus antepasados, la ciudad de Dios y se
sentía muy ligada a ella. Al escuchar la noticia, se
entristeció grandemente:
'...me
senté a llorar; hice duelo por algunos días, ayuné
y oré al Dios del cielo'.
Notamos que Nehemías se acerca a Dios con un
espíritu humilde, decidido a hablarle y escucharle; llora, hace
duelo, ayuna y ora. ¿Hemos hecho toda la combinación
de estas cosas nosotros una vez en nuestras vidas? Un espíritu
humilde y el corazón sensible son ciertamente
claves para acercarse al Señor.
«Señor,
Dios del cielo, grande y temible...» comienza
Nehemías. Cuando reconocemos a Dios tal cual es, soberano,
encima de toda circunstancia, entonces tenemos una óptica
correcta sobre la situación. Muchas veces las
circunstancias nos agobian porque vemos desde nuestra
perspectiva. Cuando invocamos a Dios, fuerte y grande,
entonces ¡nos conectamos con el más poderoso de
todos! Nehemías suplica
y pide a Dios cuatro veces que le preste
atención (vv.6, 8 y dos veces en el 11); eso es la
oración de uno que persevera e insiste con Dios.
«...hemos pecado contra
ti» confiesa Nehemías. Aquí
vemos que hay una identificación con su familia y la sociedad en
general, 'los israelitas, entre los cuales estamos
incluidos mi familia y yo,
hemos pecado'. No actúa juzgando a los
demás, se da cuenta que él también es parte del
problema: «Te hemos ofendido y nos hemos
corrompido mucho; hemos desobedecido los mandamientos»;
esta es una sincera confesión que Dios escucha (ver 1era Juan
1:9).
«Señor, te
suplico que escuches nuestra oración, pues somos tus siervos y
nos complacemos en honrar tu nombre.»
Interceder es ponerse en la brecha, decidir ser el vínculo entre
dos partes, para unir y bendecir. Nehemías quiere lo mejor
para su pueblo, que se arrepienta y vuelva al Señor en
obediencia, encontrando de nuevo la bendición prometida.
«Recuerda, te suplico,
lo que le dijiste a tu siervo Moisés».
Nehemías recuerda que Dios había rescatado a su pueblo 'con
gran despliegue de fuerza y poder' (v.10). Nos
hace bien recordar lo que Dios ha hecho por nosotros en el pasado, tanto
en nuestro rescate de la muerte y pecado (la salvación que
Cristo consiguió por nosotros) como en una situación
puntual (la sanidad, la reconciliación con alguien etc).
La fe mueve montañas, dijo Jesús; en este caso consigue mover la mano de Dios para guardar y prosperar a Nehemías en su esfuerzo para viajar la gran distancia a Jerusalén para reconstruir la muralla, logrado en poco tiempo gracias a la visión y valentía de Nehemías, liderando al pueblo. Así tenemos otra oración 'poderosa', un ejemplo de fe y valentía, sinceridad y perseverancia en la presencia de Dios, él que nos escucha y responde. Si pedimos conforme a su voluntad, él responderá, (ver 1era Juan 3:21-22) a veces más allá de nuestras expectativas, porque es Dios amoroso, Dios de sorpresas. Ahora, vamos a leer la oración otra vez, intercediendo por la Iglesia y la nación, que Dios intervenga para traer bendición, renovando a su pueblo para honrar su nombre.
*Citas bíblicas: © Copyright 1973,
1978, 1984 by International Bible
Society.
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