anglicanos.net -  Semillas de Fe N°174 / 270
Oraciones Poderosas II (Nehemías 1)
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    «Señor, Dios del cielo, grande y temible, que cumples el pacto y eres fiel con los que te aman y obedecen tus mandamientos, 6 te suplico que me prestes atención, que fijes tus ojos en este siervo tuyo que día y noche ora en favor de tu pueblo Israel. Confieso que los israelitas, entre los cuales estamos incluidos mi familia y yo, hemos pecado contra ti. 7 Te hemos ofendido y nos hemos corrompido mucho; hemos desobedecido los mandamientos, preceptos y decretos que tú mismo diste a tu siervo Moisés.
    8 Recuerda, te suplico, lo que le dijiste a tu siervo Moisés: Si ustedes pecan, yo los dispersaré entre las naciones: 9 pero si se vuelven a mí, y obedecen y ponen en práctica mis mandamientos, aunque hayan sido llevados al lugar más apartado del mundo los recogeré y los haré volver al lugar donde he decidido habitar.
    10 Ellos son tus siervos y tu pueblo al cual redimiste con gran despliegue de fuerza y poder.11 Señor, te suplico que escuches nuestra oración, pues somos tus siervos y nos complacemos en honrar tu nombre. Y te pido que a este siervo tuyo le concedas tener éxito y ganarse el favor del rey.»
(Nehemías 1:5-11)*                                                                        

    Esta oración de Nehemías demuestra un sincero acercamiento y profunda confianza en Dios.  Desde el exilio, sirviendo al rey de Babilonia, Nehemías se entera que la ciudad de Jerusalén estaba en ruinas.  En realidad, ni había conocido personalmente la ciudad pero era la ciudad de sus antepasados, la ciudad de Dios y se sentía muy ligada a ella.  Al escuchar la noticia, se entristeció grandemente: 

'...me senté a llorar; hice duelo por algunos días, ayuné y oré al Dios del cielo'.

    Notamos que Nehemías se acerca a Dios con un espíritu humilde, decidido a hablarle y escucharle; llora, hace duelo, ayuna y ora.  ¿Hemos hecho toda la combinación de estas cosas nosotros una vez en nuestras vidas?  Un espíritu humilde y el corazón sensible son ciertamente claves para acercarse al Señor.
  1. Nehemías invoca a Dios
    «Señor, Dios del cielo, grande y temible...»  comienza Nehemías.  Cuando reconocemos a Dios tal cual es, soberano, encima de toda circunstancia, entonces tenemos una óptica correcta sobre la situación.  Muchas veces las circunstancias nos agobian porque vemos desde nuestra perspectiva.  Cuando invocamos a Dios, fuerte y grande, entonces ¡nos conectamos con el más poderoso de todos!   Nehemías suplica y pide a Dios cuatro veces que le preste atención (vv.6, 8 y dos veces en el 11); eso es la oración de uno que persevera e insiste con Dios.
  1. Nehemías confiesa a Dios
   «...hemos pecado contra ti» confiesa Nehemías.  Aquí vemos que hay una identificación con su familia y la sociedad en general, 'los israelitas, entre los cuales estamos incluidos mi familia y yo, hemos pecado'.  No actúa juzgando a los demás, se da cuenta que él también es parte del problema:  «Te hemos ofendido y nos hemos corrompido mucho; hemos desobedecido los mandamientos»; esta es una sincera confesión que Dios escucha (ver 1era Juan 1:9).
  1. Nehemías intercede por su pueblo
    «Señor, te suplico que escuches nuestra oración, pues somos tus siervos y nos complacemos en honrar tu nombre.»  Interceder es ponerse en la brecha, decidir ser el vínculo entre dos partes, para unir y bendecir.  Nehemías quiere lo mejor para su pueblo, que se arrepienta y vuelva al Señor en obediencia, encontrando de nuevo la bendición prometida.
  1. Nehemías confía en Dios
    «Recuerda, te suplico, lo que le dijiste a tu siervo Moisés».  Nehemías recuerda que Dios había rescatado a su pueblo 'con gran despliegue de fuerza y poder'  (v.10). Nos hace bien recordar lo que Dios ha hecho por nosotros en el pasado, tanto en nuestro rescate de la muerte y pecado (la salvación que Cristo consiguió por nosotros) como en una situación puntual (la sanidad, la reconciliación con alguien etc). 
    La fe mueve montañas, dijo Jesús; en este caso consigue mover la mano de Dios para guardar y prosperar a Nehemías en su esfuerzo para viajar la gran distancia a Jerusalén para reconstruir la muralla, logrado en poco tiempo gracias a la visión y valentía de Nehemías, liderando al pueblo. 
    Así tenemos otra oración 'poderosa', un ejemplo de fe y valentía, sinceridad y perseverancia en la presencia de Dios, él que nos escucha y responde.  Si pedimos conforme a su voluntad, él responderá, (ver 1era Juan 3:21-22) a veces más allá de nuestras expectativas, porque es Dios amoroso, Dios de sorpresas.   Ahora, vamos a leer la oración otra vez, intercediendo por la Iglesia y la nación, que Dios intervenga para traer bendición, renovando a su pueblo para honrar su nombre.
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|  julio 2004 (editado setbre 2006)