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El Corazón de la Adoración (Rick Warren)* Entréguense
a Dios...
preséntenle todo su ser para propósitos justos. Romanos 6:13 (paráfrasis) El corazón de
la adoración es rendirse, entregarse.
La palabra rendición es poco popular, es tan fea como la palabra sumisión. Implica derrota, y nadie quiere ser un perdedor. La rendición evoca imágenes desagradables: reconocer la derrota en la batalla, darse por vencido en un juego o ceder frente a un oponente más fuerte. Casi siempre se usa en un contexto negativo. Los delincuentes son atrapados y entregados a las autoridades. La cultura actual de competitividad nos enseña a que nunca debemos darnos por vencidos y que nunca debemos rendirnos; no se oye mucho hablar de rendirse. Si todo se trata de ganar, rendirse es inconcebible. Preferimos hablar de ganar, triunfar, superar las dificultades y conquistar; nada de ceder, someternos, obedecer o entregarnos. Pero la entrega a Dios es el corazón de la adoración. Es la respuesta natural al asombroso amor y misericordia de Dios. Nos entregamos a él, no por temor o obligación, "porque él nos amó primero". 1 Después de escribir once capítulos de la carta a los Romanos, explicando la increíble gracia de Dios con nosotros, Pblo nos exhorta a entregar nuestra vida a Dios en adoración: "Por lo tanto, mis amigos, mediante la inmensa misericordia de Dios hacia nosotros... ofrézcanse a Dios como sacrificio vivo, dedicados a su servicio y agradables a él. Esta es la verdadera adoración que deben ofrecer". 2 La verdadera adoración - agradar a Dios - se da cuando nos entregamos completamente a Dios. La primera y última palabra de ese versículo son las mismas: ofrezcan. Ofrecerte a Dios es la esencia de la adoración... Hay tres obstáculos que bloquean nuestra entrega total a Dios: el temor, el orgullo y la confusión. No nos damos cuenta de cuánto nos ama Dios, queremos controlar nuestra propia vida y malintepretamos lo que significa la entrega. Oración:
Señor Dios, te damos gracias por tu grandeza y tu infinito amor. Eres maravilloso y digno de nuestra adoración. Nos rendimos a ti y entregamos nuestras vidas como sacrificio vivo, pidiéndote que nos uses para bendecir a los demás hoy. Llénanos de tu Espíritu para que su fruto sea evidente en nuestras vidas. Por Cristo, nuestro Señor. Amén. * Tomado de "Una Vida Con
Propósito", de Rick Warren, Editorial Vida 2003, capítulo
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