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Stephen
Bates, Corresponsal de asuntos religiosos
(traducción Rvdo. Juan Sánchez
Araujo, España)
The Guardian, viernes 16 de abril de
2004
La noche pasada los arzobispos africanos intensificaron la amenaza que sufre la unidad en la Comunión Anglicana, y aumentaron la presión sobre Rowan Williams, Arzobispo de Canterbury, insistiendo en que debe disciplinarse a la Iglesia Episcopal americana en un plazo de tres meses, a menos que ésta «se arrepienta» de haber elegido a un obispo homosexual. La exigencia de estos arzobispos se adelanta a los encuentros de la Comisión creada por la Iglesia anglicana en octubre pasado para tratar de evitar una división, y que no debe presentar sus conclusiones hasta principios del año que viene. La crisis tiene su origen en la elección como obispo de la diminuta diócesis de New Hampshire, de Gene Robinson, un hombre divorciado y padre de dos hijos que vive con su pareja homosexual. Reunidos en Nairobi, estos arzobispos -principalmente del África ecuatorial y central- que han figurado entre los más antagonistas de la homosexualidad, declararon también que rechazarían cualquier apoyo económico futuro procedente de la Iglesia estadounidense. El arzobispo Peter Akinola, de Nigeria, Presidente del Consejo de Provincias Anglicanas en África (CAPA), expresó: «Si sufrimos durante algún tiempo para conseguir nuestra independencia y libertad, y para edificarnos a nosotros mismos, creo que ello supondrá una cosa buena para la Iglesia africana. No hipotecaremos nuestra conciencia, nuestra fe o nuestra salvación en aras del dinero ... Dios ha puesto en nuestro propio continente todo cuanto necesitamos para ser autónomos». E insistió en que el arzobispo Winston Ndungane, de Ciudad del Cabo -hasta ahora el único primado africano que se ha opuesto al repudio de los gays- acepta la postura firhe en este asunto. A pesar de toda esta retórica, los episcopales estadounidenses dudaban de que los líderes de la Iglesia en África fueran a rechazar el dinero americano, el cual suministra unos fondos importantes para sus actividades. El propio arzobispo Akinola aceptó el año pasado 80 000 $ como ayuda para construir la sede de la CAPA en Nairobi, y envió a un representante suyo a cierta Convención diocesana a comienzos de este año. Antes de la decisión tomada ayer, un portavoz de la Iglesia estadounidense expresaba: «Esta gente se está pavoneando: siguen vilipendiándonos, pero también tratan de obtener los beneficios de una relación continuada con nosotros. No se trata más que de puro espectáculo: hacerse los valientes sin correr ningún tipo de riesgo.» La decisión de insistir en el «arrepentimiento» de la Iglesia Episcopal eleva dramáticamente la apuesta, al tiempo que agranda la separación entre la Iglesia liberal de Occidente -numéricamente en decadencia- y la floreciente Comunión Anglicana en el mundo en vías de desarrollo, que cuenta en la actualidad con más de la mitad de los 77 millones de adherentes anglicanos en todo el mundo. Es muy probable que la división existente se agrave más aún cuando la Iglesia anglicana canadiense tome en su Sínodo de Niágara, al final del mes que viene, la decisión prevista de autorizar los cultos de bendición de uniones homosexuales. Los líderes de la Iglesia africana llevan bastantes años colaborando estrechamente con los evangélicos conservadores de Inglaterra y los episcopales tradicionalistas de los EE UU, quienes también se oponen a la liberalización de las actitudes bíblicas tradicionales hacia los homosexuales. www.anglicanos.net
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