Entre
el Dolor,
la
Perplejidad y la Certeza.*
Cuando pasa algo trágico
como el ataque a las Torres Gemelas, un accidente
automovilístico, la enfermedad terminal de un ser querido o el
terrible incendio que hemos vivido recién en Paraguay, nos
quedamos asustados y confundidos, hasta a veces hasta paralizados
temporalmente.
Reaccionamos con preguntas profundas: ¿Cómo puede
ser? ¿Por qué me / le pasó eso?
¿Dónde estaba Dios? Buscamos explicaciones y
culpables pero no siempre satisfacen plenamente nuestra búsqueda
del sentido del evento.
El Dolor
Lo cierto es que pasamos por eventos, golpes y experiencias que prueban
nuestra fe y entendimiento de los propósitos de Dios. A
nivel nacional hay crisis, sustos y desastres; a nivel internacional por
ejemplo, las millones de personas afestadas por las inundaciones
(sí, más de 50 millones de personas este año, en
China y Asia), sin recordar el horroroso terrorismo del 11 de
setiembre, 2001.
Luego a nivel personal o familiar, pasamos por
el dolor, la enfermedad, aún una tragedia en la familia.
Hay momentos fuertes, especialmente frente a la muerte misma, cuando
parece que algo interrumpe en nuestras vidas, despertándonos
rudamente.
Los escritores de la Biblia también afrontaron estas
experiencias haciendo las mismas preguntas. Job pasó por la
tragedia y las pruebas más fuertes imaginables: la
pérdida de sus propios hijos, su fortuna y su salud. Su
primera reacción fue “El Señor dio y el Señor
quitó”. Luego de las largas conver- saciones con sus
“amigos” Job confesó con humildad su pequeñez ante Dios:
¿Quién soy yo para dudar de tu
providencia, mostrando así mi ignorancia?
Yo estaba hablando de cosas que no entiendo, cosas tan maravillosas que
no las puedo comprender. (Job 42:3)
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La Perplejidad
En Eclesiastés leemos la
reflexión de uno que meditó mucho sobre el sentido de la
vida y llegó al final a lo que podríamos llamar un
‘agnosticismo realista’, es decir que no tenía todas las
respuestas a las preguntas profundas y lo inexplicable de la vida.
“En el día del bien goza del bien, y en el día de la
adversidad, reflexiona. Dios hizo tanto el uno como el otro, a fin de
que el hombre no sepa qué trae el futuro.” (Ecles.7:13) Eso
debería ser nuestra actitud: reflexionar, y admitir que no
tenemos las respuestas a todo lo inexplicable.
La
Certeza
Junto con el dolor y la perplejidad,
muchas veces vemos, con el pasar del tiempo, propósitos
más allá de nuestras limitadas mentes. Las
pruebas son duras pero podemos confirmar que el propósito divino
era “para que las obras de Dios se
manifiesten”.
Además estamos convencidos que NADA
“ni la muerte ni la vida, ..., ni ninguna otra cosa creada nos
podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús,
Señor nuestro.” (Romanos 8:38-39)
A la vez, en momentos difíciles, debemos aferrarnos a las
Escrituras, palabra eterna de consuelo y fortaleza, el Salmo 130, por
ejemplo, in temer las lágrimas (que en
sí son sanadoras y nos permiten humillarnos y reconocer que no
somos tan poderosos después de todo).
Podemos también, dentro de un marco de
plena certeza en los perfectos propósitos de Dios, permitir un
lugar para estar perplejos y desorientados en el proceso de
recuperación, para que Dios nos hable y así digamos con
Job: “Hasta ahora, solo de oídas te conocía,
pero ahora te veo con mis propios ojos. (42:5)
Oración:
Señor
Jesús, muchas veces no entendemos por qué pasan las cosas
y cuestionamos el propósito del dolor. Tú
también pasaste por el dolor intenso y siempre confiaste en
tu Padre.
Ayúdanos a ver su mano en todo y aprender de todas las
experiencias. Te alabamos que NADA nos podrá separar
del amor de Dios, y que no habrá más dolor ni sufrimiento
cuando estemos juntos contigo en la eternidad. Amén.
Lecturas:
Salmo
130; Romanos 8:28-39; 2 Corint. 1:3-4
Citas
bíblicas: Dios Habla Hoy / Reina-Valera 'Biblia de Estudio'
(Sociedades Bíblicas Unidas
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