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Guerra en Irak - Declaraciones sobre la Intervención Militar
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1) Declaración de las Iglesias contra la guerra en Irak
2) CARTA DEL ARZOBISPO DE CANTERBURY
3)  A La Sombra de la Guerra, Una Carta Pastoral
     (La Cámara de Obispos de la Iglesia Episcopal; EEUU)
4)  Consejo de Seguridad de la ONU debe frenar la destrucción de Irak,
      declara el CLAI
5)  Abogados cristianos condenan la guerra en Irak
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1) Declaración de las Iglesias contra la guerra en Irak

  1. Como dirigentes de iglesias seguimos sumamente preocupados por los constantes llamamientos a la acción militar contra Iraq por los gobiernos de Estados Unidos y de algunos países europeos. Como personas de fe, nuestro amor al prójimo nos compele a oponernos a la guerra y a buscar soluciones pacíficas a los conflictos. Como iglesias, oramos por la paz y la libertad, la justicia y la seguridad de los pueblos de Iraq y de todo el Oriente Medio. Esta oración nos obliga a ser instrumentos de paz.

  2. Deploramos el hecho de que las naciones más poderosas de este mundo consideren de nuevo la guerra como un instrumento aceptable de política exterior. Esto crea una cultura internacional de temor, amenaza e inseguridad.

  3. No podemos aceptar los objetivos declarados de una guerra contra Iraq, tal como los exponen esos gobiernos, en particular el de los Estados Unidos. El ataque militar y la guerra preventivos como medio para cambiar el régimen de un estado soberano son inmorales y violan la Carta de las Naciones Unidas. Apelamos al Consejo de Seguridad para que apoye los principios de la Carta de las Naciones Unidas que limitan estrictamente el uso legítimo de la fuerza militar y se abstenga de crear un precedente negativo y de rebajar el umbral para el uso de medios violentos en la resolución de conflictos internacionales.

  4. Creemos que la fuerza militar es un medio inadecuado para conseguir el desarme de cualquier armamento iraquí de destrucción masiva. Insistimos en que se dé el tiempo necesario para que terminen su trabajo a los mecanismos cuidadosamente diseñados de inspecciones de armas de las Naciones Unidas.

  5. Todos los estados miembros de las Naciones Unidas tienen que cumplir las resoluciones vinculantes de aquella organización y resolver los conflictos por medios pacíficos. Iraq no puede ser una excepción. Instamos al Gobierno de Iraq a que destruya todas las armas de destrucción masiva y las correspondientes instalaciones de investigación y producción. Iraq debe cooperar plenamente con los inspectores de armas de las Naciones Unidas y garantizar el total respeto de los derechos humanos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales de todos sus ciudadanos. Hay que dar al pueblo de Iraq la esperanza de que existen alternativas tanto a la dictadura como a la guerra.

  6. Una guerra tendría consecuencias inaceptables desde la perspectiva humanitaria, tales como desplazamiento de personas en gran escala, quiebra de las funciones del estado, posibilidad de guerra civil y graves disturbios en toda la región. Las calamidades sufridas por los niños iraquíes y las muertes innecesarias de cientos de miles de iraquíes durante los últimos doce años del régimen de sanciones pesan fuertemente sobre nuestros corazones. En la situación actual, afirmamos con fuerza los permanentes principios humanitarios de acceso incondicional a las personas necesitadas.

  7. Alertamos además contra las consecuencias potenciales a largo plazo -sociales, culturales y religiosas, así como diplomáticas- de tal guerra. Atizar todavía más los fuegos de violencia que consumen ya la región no hará sino exacerbar el odio intenso fortaleciendo las ideologías extremistas y promoviendo más la inestabilidad y la inseguridad mundiales. Como dirigentes de iglesias tenemos la responsabilidad moral y pastoral de oponernos a la xenofobia en nuestros propios países y de disipar los temores de muchos en el mundo musulmán de que el llamado cristianismo occidental es contrario a su cultura, su religión y sus valores. Debemos buscar la cooperación para la paz, la justicia y la dignidad humana.

  8. Todos los gobiernos, en particular los miembros del Consejo de Seguridad, tienen la responsabilidad de considerar este asunto en toda su complejidad. No se han agotado todas las medidas pacíficas y diplomáticas para forzar a Iraq a cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

  9. Para nosotros es una obligación espiritual, basada en el amor de Dios a toda la humanidad, pronunciarnos abiertamente contra la guerra en Iraq. Mediante este mensaje enviamos una fuerte señal de solidaridad y apoyo a las iglesias de Iraq, el Oriente Medio y los Estados Unidos de América. Pedimos a Dios que guíe a los responsables para que tomen decisiones basadas en cuidadosas reflexiones, principios morales y criterios legales sólidos. Invitamos a todas las iglesias a unirse a nosotros en este acto de testimonio y a alentar y orar por la participación de todos en la lucha por una solución pacífica de este conflicto.
tomado con permiso de: http://www2.wcc-coe.org/signatures.nsf/iraq-s
Click aquí para ver la lista de líderes eclesiásticos que han suscripto la declaración.
Click aquí para firmar la declaración
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2) CARTA DEL ARZOBISPO DE CANTERBURY,  21 de marzo, 2003

A:   Los Primados de la Comunión Anglicana
      Moderadores de las Iglesias Unidas

Nos encontramos en un momento de sufrimiento agudo para algunos y de ansiedad para todas las personas y naciones alrededor del mundo. Como líderes de nuestra Iglesia dentro de la Comunión Anglicana, y más allá de las dudas expresadas de diversas maneras, debemos orar por que la acción militar que ahora se está llevando a cabo contribuya en la construcción de un futuro estable para la región, con justicia para todos.

Estaremos pensando especialmente en nuestros hermanos cristianos en el Medio oriente, y orando por que ellos y sus vecinos que profesan otra fe encuentren la fuerza y visión para continuar su labor por un futuro juntos con comprensión y respeto. Mantengamos en nuestras oraciones también a cristianos en otras partes del mundo que puedan estar sintiéndose vulnerables e inseguros en este momento de tensión.

Quienes se encuentran al frente en el conflicto, así como sus familiares, encaran fuertes desafíos; y al orar por ellos y por quienes buscan apoyo recordemos también a los clérigos de tantos países sobre quienes cae la responsabilidad pastoral de los hombres y mujeres en servicio activo.

Las plegarias del mundo entero se centrarán en los días a venir en la esperanza de una rápida culminación de este conflicto armado y de un acuerdo que honre la libertad y dignidad del pueblo de Irak.

Que Dios nuestro redentor traiga el bien de todas las pasiones y las tragedias que han desgarrado a ese país, la primer tierra patria de Abraham nuestro padre en la fe. Con Abraham, miramos hacia “la ciudad con cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.  Comprometámonos al servicio bajo el Señor para que las señales de esa ciudad devengan manifiestas entre nosotros en reconciliación y justicia.

En amor y oración,

Rowan CANTUAR
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3)  A La Sombra de la Guerra, Una Carta Pastoral
La Cámara de Obispos de la Iglesia Episcopal; EEUU,
(Marzo 18, 2003)
  
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Nosotros, sus obispos, les escribimos en tiempos peligrosos. No sabemos lo que los días siguientes nos aportarán. La guerra y la amenaza de la guerra nos conducen a temer por el bienestar de nuestros seres amados y queridos. Tales temores pueden corroer los mismos márgenes de nuestro conocimiento y derrumbar el fundamento sobre el que están edificadas nuestras vidas y comunidades.

Sabemos que nada puede zarandear la certeza de la bondad de Dios y de su fidelidad hacia nosotros. En tiempos de gran violencia y ansiedad, como cristianos, no debemos doblegarnos al miedo; tenemos que ser testigos del amor reconciliador de Dios.

Somos conscientes de que entre los creyentes hay una variedad de opiniones sobre el camino que ha iniciado nuestra nación. Sin embargo, en nombre de Cristo hemos de considerar a todas las personas como vecinos, para, con misericordia, llegar a todos y rezar unos por otros, y por nuestros enemigos.

Debemos acordarnos ahora de quienes necesitan nuestras oraciones y preocupaciones: de los que ya están en el conflicto, de todo el personal militar incluidos nuestros capellanes, de sus familiares, de quienes sufren a causa de su conciencia, de los árabes americanos de todas las confesiones, de los seguidores de Islam en todo el mundo - la gran mayoría de ellos desean paz -, del pueblo de Iraq, entre el cual hay más de un millón de cristianos. Nuestras oraciones deben continuar por George, nuestro Presidente, y por los líderes de las naciones, para que tomen decisiones sabias y prudentes que protejan a los inocentes y que resulten en un cambio rápido hacia la paz, y hacia la plena restauración de la tierra y de la gente de Iraq.

En esta temporada de conflicto y peligro, nuestra Iglesia debe ser una comunidad donde toda la gente pueda unirse a nosotros para rezar: por el logro de la paz y de la reconci- liación en este mundo amado por Dios, por los seres queridos y por amor a los que se encuentran en peligro, y por la garantía de la presencia y providencia misericordia de nuestro Señor en medio de esta crisis. Como obispos de todos ustedes, nos comprome- temos a una disciplina de ayuno y de oración en favor de la paz. Les recomendamos la misma disciplina a cada uno de ustedes. Instamos a nuestras congregaciones a que abran las puertas para que la gente rece y a que sean lugares donde todo el mundo pueda encontrar la hospitalidad y la esperanza de nuestro Señor Jesucristo, el Príncipe de la Paz.

En todo tiempo y circunstancia, nuestra fe se asienta en la firme fundación del amor de Cristo. Reafirmamos con confianza que "ni muerte ni vida...ni criatura alguna nos podrá separar del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Romanos 8, 38-39).

En estos tiempos difíciles que Dios nos fortalezca para ser testigos de la compasión Divina.

Oración por la familia humana

Oh Dios que nos hiciste a tu propia imagen, y nos redimiste por Jesús tu Hijo, mira, en tu compasión, a toda la familia humana; quita el odio y la arrogancia que nos corrompen el corazón; derrumba las barreras que nos separan; únenos en vínculos de amor; y actúa a través de nuestra lucha y confusión a fin de cumplir tus propósitos en la tierra, para que a su debido tiempo todas las naciones y razas te sirvan en armonía alrededor de tu trono celestial; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Del Libro de Oración Común, página 705)
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4)  Consejo de Seguridad de la ONU debe frenar la destrucción de Irak,
declara el CLAI

SANTO DOMINGO, REPÚBLICA DOMINICANA, Marzo 26, 2003 (alc).

    Ante el vergonzoso, inmoral e ilegal acto de guerra de Estados Unidos, demandamos que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas intervenga para poner freno a esta arbitraria destrucción a que un sofisticado aparato militar y tecnológico ha sometido al pueblo milenario de Irak, declaró la Mesa Ejecutiva del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI).

El CLAI expresa su profundo pesar de que el mundo cristiano haya visto interrumpido bruscamente el tiempo de reflexión y reconciliación de la Cuaresma, a causa de esta intervención militar que procede del liderazgo de una nación que se llama a sí misma cristiana.

El organismo ecuménico declara su solidaridad con el clamor de los millones y millones de personas que en el mundo piden el cese inmediato de las hostilidades. Asimismo, aplaude la actitud valerosa y digna de las iglesias de Estados Unidos que, a riesgo de ser caracterizadas como antipatrióticas, han levantado una voz profética para condenar el uso de la fuerza por parte de su gobierno.

Tras expresar su aflicción y condena por las muertes ocurridas, pide que los responsables por la invasión a Irak se arrepientan, y llama a los cristianos y a todas las mujeres y hombres de buena voluntad a no cejar en sus oraciones, en sus denuncias y en sus acciones no violentas para resistir por la vida.

La intervención militar unilateral de una coalición liderada por Estados Unidos en Irak demuestra que vivimos en una nueva etapa histórica, en la cual la política internacional de la única superpotencia del planeta está guiada por una visión geopolítica. Por eso  se arroga el derecho de realizar guerras 'preventivas' allí donde existan o puedan existir eventuales amenazas a su seguridad nacional, señala la declaración.

La intervención de Estados Unidos en Irak representa un severo golpe a la ya frágil credibilidad del sistema de Naciones Unidas. Significa, además, una ruptura del frágil equilibrio de poder en el Mediano Oriente y el inicio de una profunda fractura en la configuración geopolítica del planeta, la cual afecta y se extiende a otras potencias de Europa y Asia.

Señala que esta guerra se realiza con el objetivo declarado de luchar contra el terrorismo y liberar al pueblo iraquí. Pero el combate al terrorismo  debe librarse dentro del marco de la ley y del derecho, reconociendo que la lógica extrema del terrorismo se alimenta de humillaciones e injusticias, como las que acaban de instalar los EE UU y sus aliados.

El objetivo de "liberar" al pueblo iraquí constituye una grosera violación del principio de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. No se puede combatir la violencia con más violencia, ni imponer la democracia a punta de misiles, declara el CLAI.

En las últimas semanas, nuestras iglesias han orado insistentemente por la paz, pidiendo que la cordura y la razón prevalecieran sobre la soberbia del poder. En las acciones por la paz, junto a miles de otras personas, nos sostuvo la promesa de que aquellos que trabajan y se esfuerzan por la paz, serán reconocidos como hijos e hijas de Dios.

Ahora, a pesar de nuestras oraciones y acciones públicas, la guerra se ha desatado, en flagrante violación del derecho internacional y en desafiante desprecio a la opinión de las grandes mayorías.

Por eso, ante las imágenes de niños y niñas destrozadas por la metralla -eso que los militares y periodistas llaman eufemísticamente "daño colateral", imágenes censuradas por unos medios de comunicación que siguen las pautas dictadas por sus gobiernos-, nos embarga el mismo grito angustiado del profeta Habacuc: "¿Hasta cuándo, Jehová, gritaré sin que tú escuches, y clamaré a causa de la violencia sin que tú salves?", anota el organismo ecuménico.
Consejo de Seguridad de la ONU debe frenar la destrucción de Irak, declara el CLAI

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5)  Abogados cristianos condenan la guerra en Irak

LIMA, PERÚ, Marzo 26, 2003 (alc). 

Ante el ataque de Estados Unidos contra Irak, la Red Latinoamericana de Abogados Cristianos (RLAC) expresó, en una declaración pública, "su más profundo rechazo a esta ilegítima intervención bélica".

La entidad, integrada por más de 100 profesionales del Derecho en 14 países de América Latina, repudió también "la forma como el gobierno estadounidense viene manipulando los valores democráticos, para en su nombre sacrificar a hombres, mujeres y niños inocentes en Irak principalmente tras la búsqueda de intereses económicos y geopolíticos".

Condena además "esta guerra de mezquinos intereses", que ya ha comenzado a producir muerte, destrucción, y que de seguro aumentará la desigualdad y la pobreza en el Medio Oriente, con efectos que no se dejarán de sentir en el resto del mundo, especialmente del mundo pobre.

El gobierno de Estados Unidos ha atacado a una nación cuyo gobierno ha sido calificado como "inmoral" y "representante de una amenaza contra el mundo", agrega. Al mismo tiempo pregunta ¿Quién le dio tal autoridad al gobierno norteamericano?, ¿Qué desea demostrar el gobierno de Estados Unidos con esta intervención?, ¿Por qué Estados Unidos puede decidir aplicar un estándar de moralidad y respeto a un Estado mientras ese mismo estándar no se aplicará a ellos cuando no convenga a sus intereses?

Finalmente, la RLAC señala que, utilizando en su discurso frases tales como respeto a la moral, los derechos humanos y la democracia, el gobierno norteamericano se atribuye ilegítimamente el derecho y el deber "cívico internacional" de atacar una nación al margen del cauce establecido en la Carta de las Naciones Unidas.

"Demandamos el fin de esta guerra y oramos que Dios tenga misericordia de todos, especialmente de las víctimas de la sociedad civil", concluye la declaración suscrita por Vilma C. Balmaceda, presidenta de RLAC (Perú), Roberto Portillo, director (El Salvador), Raúl Romero, director (Chile) y Carlos Zelada, coordinador (Perú).
Abogados cristianos condenan la guerra en Irak


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