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12. El desafío de la Misión
Mundial
Sigue siendo
necesario responder a la Gran Comisión de Jesucristo con un
compromiso al evangelismo y al cuidado pastoral que va más
allá de nuestra propia cultura. El mandato de Jesucristo de
predicar el evangelio por todo el mundo, de hacer discípulos y
plantar iglesias, sigue estando vigente. La misión debe
caracterizarse por el servicio.
Cristo y su salvación deben ser proclamados en todo lugar, con
sensibilidad pero enérgicamente, tanto en nuestro país
como en el extranjero. La misión transcultural tiene que ser
apoyada con oración, generosidad y ofrendas y enviando
misioneros. La misión global involucra compañerismo e
intercambio.
(Mat. 28:19-20,
Mr. 16:15, Lc. 10:2, Ro. 15:23-24, 1Co. 2:4-5, 9:22-23, 2Co. 4:5,
8:1,4,7, Ef. 6:19-20, Fil. 2:5-7,
1 Ts.1:6-8)
13. El desafío a la
acción social
El evangelio
constriñe a la iglesia a ser “sal” y “luz” en el mundo y a
mostrar coherencia en su vida diaria y en las enseñanzas
bíblicas para que se ordene correctamente la vida social,
económica y política y para que haya una buena
mayordomía de toda la creación. Los cristianos deben
preocuparse por la causa de la justicia y por hacer actos de
compasión. A pesar de que no se puede identificar ningún
sistema social con el Reino de Dios, la acción social es parte
integral de nuestra obediencia al evangelio.
(Gn. 1 :26-28,
Is. 30 :18, 58 :6-10, Am. 5 :24, Mt. 5 :13-16, 22 :37-40. 25 :31-46, Lc.
4 :17-21, Jn. 20:21, 2Co. 1 :3-4, Stg. 2 :14-26, 1Jn. 4 :16, Ap.1:5-6, 5
:9-10. Ver Art. XXXVIII)
14. Los patrones de la conducta
sexual
Dios
diseñó la sexualidad humana no sólo para la
procreación sino también como una expresión gozosa
del amor que se expresa en la fidelidad entre un hombre y una mujer
dentro del matrimonio. Esta es la única relación sexual
que la teología bíblica considera buena y santa.
El adulterio, la fornicación y las uniones homosexuales son
intimidades contrarias al diseño y propósito de Dios. Los
cristianos, que como todos, luchan contra las tentaciones sexuales,
deben buscar cómo recibir y ministrar la sanidad integral que
tanto necesitamos en una humanidad sexual- mente lastimada. La homofobia
y toda clase de hipocresía y abuso sexual son males y contra
ellas los cristianos deben estar siempre en guardia.
La iglesia no puede rebajar los patrones divinos de conducta sexual para
ninguno de sus miembros, sino más bien buscar cómo honrar
a Dios apoyando esas normas tenazmente, hasta oponerse con coraje a las
desviaciones de las mismas que se aceptan en la sociedad.
Cada congregación local tiene que buscar las maneras de responder
a las necesidades específicas de amistad y comunidad que tienen
los solteros.
(Gn. 1 :26-28, 2
:21-24, Mt. 5 :27-32, 19:3-12, Lc. 7 :36-50, Jn. 8 :1-11, Ro. 1 :21-28,
3 :22-24, 1Co. 6 :9-11, 13-16, 7 :7, Ef. 5 :3, 1 Ti.1 :8.11, 3 :2-4, 12).
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15. La familia y el llamado al celibato
El amor, la
intimidad, el crecimiento hacia la madurez, la estabilidad de la mujer,
el hombre y los niños, todos reciben su orientación divina
a través de la familia nuclear.
El divorcio, el abuso de menores, la violencia doméstica, la
violación, la pornografía, el ausentismo de padres, la
dominación sexista, el aborto, el concubinato y las parejas
homosexuales, todos reflejan el debilitamiento del ideal de la familia.
Los cristianos tienen que fortalecer la vida familiar mediante la
enseñanza, el entrenamiento, el apoyo activo y el trabajo a favor
de las condiciones sociopolíticas que apoyan a la
familia.
Las familias donde hay un solo padre y las víctimas de los
hogares destrozados tienen necesidades específicas a las cuales
las congregaciones locales tienen que responder con sensibilidad y
compasión.
El celibato es también digno de respeto como un don de
Dios y una vocación santa. Los solteros reciben con el llamado la
gracia de dios para vivir en castidad.
( Sal. 119:9-11, Pr. 22:6, Mat. 5:31-32, Mr. 10:6-9, 1 Co.
6:9-11, Ef. 5:21, 6:4, Col. 3:18-21, Jn. 3:14-15).
16. El nuevo comienzo
Juntos
reafirmamos nuestra confianza en el cristianismo anglicano que se
expresa en los patrones históricos de los credos
ecuménicos, los Treinta y Nueve Artículos y el Libro de
Oración Común.
El respeto por estos patrones refuerza nuestra identidad y
comunión. Como pecadores, reconocemos que a menudo hemos sido
desobedientes al Señor de la iglesia. Con la ayuda de Dios,
resolvemos guardar nuestra herencia de fe y transmitirla intacta,
integralmente.
Esta plenitud de fe es necesaria tanto para la renovación
anglicana como para la proclama eficaz de las Buenas Noticias de
Jesucristo en el poder del Espíritu Santo.
Invitamos a todos los anglicanos a unirse a nosotros, afirmando que esta
declaración contiene lo esencial de la fe para el discipulado y
la práctica cristiana para nuestros días.
En esta declaración creemos estar insistiendo solamente en
aquello que es genuinamente esencial. En cuanto a lo no esencial,
debemos pedir la gracia del Señor para reconocer y respetar esa
libertad de otros que ha caracterizado tradicionalmente a nuestra
herencia anglicana.
Iglesia Anglicana
Paraguaya
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