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7. La iglesia de Dios
Aquella sociedad
sobrenatural denominada la Iglesia es :
-la familia de Dios
-el cuerpo de Cristo
-el templo del
Espíritu Santo.
Es la
comunidad de los creyentes, justificados por fe en Cristo, incorporados
a la vida resucitada de Cristo y puesta bajo la autoridad de las
Sagradas Escrituras como la Palabra de Cristo. La iglesia en la tierra
está unida por medio de Cristo a la iglesia en el cielo en la
comunión de los santos. A través del ministerio de la
iglesia, es decir, de la Palabra y de los sacramentos del evangelio (el
bautismo y la Santa Comunión), Dios ministra vida en Cristo a los
fieles, de esta manera capacitándoles para la adoración,
el testimonio y el servicio.
En la vida de la
iglesia sólo debe sostenerse como esencial para la
salvación aquello que puede comprobarse en las Escrituras. Lo no
esencial no debe ser requerido de nadie como creencia, ni exigido en
materia de doctrina, disciplina o culto.
(Ef. 3:10-21,
5:23-27, 1 Ti.3.15, Heb.12 :1-2, 2 Ti.3.14-17. Ver Artículos XIX,
XX y XXI).
8. La nueva vida en
Cristo
Dios hizo a los
seres humanos a su imagen divina para que pudieran glorificarse y
gozarse en El para siempre. Desde la Caída, el pecado nos ha
alejado a todos de Dios y ha traído confusión a toda
nuestra motivación y accionar.
Así como la propiciación y la justificación nos
restauran a la comunión con Dios y nos perdonan el pecado, la
regeneración y la santificación también nos
renuevan a la imagen de Cristo, para poder vencer el pecado. Es el
Espíritu Santo quien nos ayuda a llevar una vida disciplinada y a
practicar las disciplinas cristianas. Nos transforma a través de
las mismas, en forma creciente.
No nos
es otorgada en este mundo la ausencia total del pecado, ni a nivel
personal, ni en la iglesia ni en
la sociedad. Los cristianos seguiremos siendo defectuosos “en pensa-
miento, palabra y obra” hasta ser perfeccion- ados en el cielo.
(Gn. 1:26-28, 3,
Jn. 3:5-6, 16:13, Ro. 3:23-24, 5:12, 1 Co. 12:4-7, 2 Co. 3:17-18,
Gál. 5:22-24, Ef. 2:1-5, Fil. 2:13, 2 P. 3:10-13. Ver
Artículos Filip. IX-XVI).
9. El
Ministerio en la Iglesia
El
Espíritu Santo otorga dones diferentes y distintivos a todos los
cristianos con el propósito de glorificar a Dios y edificar su
iglesia en la verdad y el amor. Todo cristiano recibe en su bautismo un
llamado a ser un ministro, sea cual fuere su género, raza, edad,
o condición socioeconómica.
Cada
hijo de Dios debe desarrollar sus dones en la forma de servicio a la
cual Dios le ha llamado y equipado.
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Dentro
del sacerdocio de todos los creyentes, honramos el ministerio de la
Palabra y de los sacramentos, al cual son apartados especialmente los
obispos, presbíteros y diáconos.
(Ro. 12 :6-8, 1
Co. 3.16, 6 :11, 12 :4-7, 27, 2Co. 5 :20, Gál. 2.16, Ef. 4
:11-13, 1 Ti. 3 :1, 12-13, 5 :17, Heb. 2 :11, 1 P. 2 :4-5, 9-10. Ver
Art. XIX,XXIII).
10. El culto de la iglesia
El llamado
primordial de la iglesia, como de cada cristiano, es ofrecer culto, en
Espíritu y en verdad, al Dios de la creación, providencia
y gracia.
Las
dimensiones esenciales del culto son la alabanza y la acción de
gracias por todas las cosas buenas, la proclamación y
celebración de la gloria de Dios y de Jesucristo, la
oración por las necesidades humanas y por el avance del reino de
Cristo, y el ofrecimiento de nosotros mismos como sacrificios vivos.
Todas
las formas litúrgicas sean informales, escritas, musicales o
ceremoniales, deben desarrollarse bajo la autoridad de las Escrituras.
El Libro
de Oración Común provee un patrón doctrinal
fundado en la Biblia, y debe guardarse como la norma para toda
alternativa litúrgica. No deberá revisarse
drásticamente en el clima de confusión
teológica que se encuentra en muchas partes de la iglesia
contemporánea.
Ninguna
forma de culto puede exaltar a Cristo verdaderamente ni promover una
devoción verdadera hacia El, sin la presencia y el poder del
Espíritu Santo. La oración para la sanidad divina, tanto
espiritual como física, es un elemento bueno del culto anglicano.
( Jn. 4 :24, 16
:8-15, Hch. 1 :8, 2 : 42-47, Ro. 12 :1, 1Co. 11 :23-26, 12 :7, 2Co. 5
:18-19, Ef. 5 :18-20, Co. 3 :16, 1 Ts. 1 :4-5, 5 :19) Ver
Artículo XXXIV
11. La prioridad del
Evangelismo
Evangelizar
significa proclamar a Jesucristo como Salvador divino, Señor y
Amigo, de tal manera a invitar a la gente a acercarse a Dios por medio
de El, a rendirle culto y a servirle, y a buscar el poder del
Espíritu Santo para su vida de discipulado en la comunidad de la
Iglesia. Todo cristiano es llamado a testificar de Cristo, como
señal de amor tanto a El como a sus prójimos. La tarea,
que es así un tema prioritario, demanda entrenamiento personal y
una constante búsqueda de métodos apropiados para lograr
una comunicación persuasiva y convincente. Nosotros sembramos la
semilla y esperamos que Dios envíe el fruto.
(Mat. 5:13-16,
28:19-20, Jn. 3:16-18, 20:21, Hch. 2:37-39, 5 :31-32, Jn.1, 1Co. 1:23,
15:2-4, 2Co.4 :5, 5:20, 1P. 3:15).
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