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Declaración del Obispo Diocesano de Paraguay sobre la Consagración de Gene Robinson Declaración de la Iglesia Anglicana Paraguaya Con profunda tristeza y asombro por lo acontecido el domingo último en la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos, al proceder a la consagración como obispo diocesano de un homosexual practicante, la Iglesia Anglicana Paraguaya cumple en manifestar a la comunidad cristiana y a la opinión pública en general, cuanto sigue: Que deplora profundamente esta decisión y expresa su más enérgico rechazo a la misma, y por lo tanto no reconoce la validez de dicha consagración y tampoco podrá seguir manteniendo comunión plena con las mismas provincias representadas por la Convención General de la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos, de conformidad a la Resolución Nº 5 del Sínodo Ordinario de la IAP, del 23 al 26 de octubre último. Compartimos plenamente lo expresado por el
Comité de Trabajo
de los Primados Anglicanos del Sur Global en su declaración del 2 de Noviembre del corriente año, al
señalar
que “la consagración de un obispo que se divorció de
su esposa y se separó
de sus hijos para vivir ahora como un homosexual no célibe,
demuestra
claramente que las autoridades de la Iglesia Episcopal de los Estados
Unidos(ECUSA) consideran que su agenda, gobernada por su cultura, es de
mucha
mayor importancia que la obediencia a la Palabra de Dios, la integridad
de la
misión de Dios en la cual todos compartimos, el bienestar
espiritual y la
unidad de la Comunión Anglicana mundial...” La Iglesia Anglicana Paraguaya mantiene firmemente su apego irrestricto a Las Sagradas Escrituras que establecen sin ambigüedades, que “la fornicación, el adulterio, , y las uniones homosexuales son intimidades contrarias al diseño y propósito de Dios. Los cristianos que, como todos, luchan contra las tentaciones sexuales, deben buscar cómo recibir y ministrar la sanidad integral que tanto necesitamos en una humanidad sexualmente lastimada”(Declaración de Montreal sobre la Esencia del Anglicanismo, 1.994). Creemos firmemente que Dios puede transformar nuestra humanidad caída,
tal como lo experimentó la
iglesia primitiva en Corinto, según lo afirma el apóstol
Pablo: “No se
dejen engañar, pues en el reino de Dios no tendrán parte
los que cometen
inmoralidades sexuales, ni los idólatras, ni los que cometen
adulterio, ni los
hombres que tienen trato sexual con otros hombres, ni los ladrones, ni
los
avaros, ni los borrachos, ni los chismosos ni los tramposos.
Y estos
eran antes algunos de ustedes; pero ahora ya han sido limpiados y
consagrados a
Dios, ya han sido librados de culpa en el nombre del Señor
Jesucristo y por el
Espíritu de nuestro Dios”(I Corintios 6: 9-11) . Tenemos la firme esperanza de que Dios en su infinita misericordia, puede usar aun una situación como ésta para llamar a su pueblo al arrepentimiento y a redoblar sus esfuerzos para el cumplimiento de su misión en un mundo caído. Rvdmo. John A.
Ellison. OBISPO
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