Comentario -------------------------------------------------------------------
Pastores
para tiempo de lobos
Revdo. Juan Sánchez Araujo, IERE, (IglesiaEspañola Reformada Episcopal) Sevilla,
España (julio 2003)
tomado con permiso del boletín parroquial desde http://teleline.terra.es/personal/iere.es/ Llevamos ya varios meses - desde que un obispo en el Canadá decidió «bendecir» uniones del mismo sexo esta primavera pasada - en los que los grupos de presión homosexuales no cejan en diferentes partes de la Comunión Anglicana. En la diócesis de New Hampshire, Estados Unidos, se ha elegido hace poco al primer obispo homosexual practicante, y recientemente el nombramiento (al final no aceptado - editor) en Inglaterra del nuevo obispo de Reading - que vivió años con su pareja homosexual - ha desatado vientos y tempestades. El arzobispo Peter Akinola, de Nigeria - la mayor provincia anglicana del mundo, con 17 millones y medio de fieles -, dijo al enterarse de este último nombramiento que, en caso de que Jeffrey John fuera consagrado obispo, su provincia rompería la comunión con la Iglesia de Inglaterra. ... ¿Qué pasará con Nigeria? ¿Y qué pasará con otras provincias como Singapur, Indias Occidentales o el Cono Sur de América que no están de acuerdo con la ordenación y menos la consagración de obispos homosexuales practicantes? La Iglesia Anglicana de Chile, por ejemplo, ha roto ya los lazos de comunión con la diócesis americana de New Hampshire por haber nombrado a Gene Robinson obispo coadjutor... El arzobispo de Sydney, Australia, Peter Jensen, ha declarado por su parte que estamos en un tiempo de «realineamiento» dentro de la Comunión Anglicana. Cabe por lo tanto esperar movimientos importantes en estas próximas semanas y meses. Lo cierto es que la solución no parece estar en abandonar la Comunión Anglicana, ya que es el lobby homosexual el que se está saltando las reglas y haciendo caso omiso del sentir general de la Iglesia. En la última Conferencia de Lambeth, en 1998, los obispos de todo el mundo reafirmaron la visión cristiana tradicional - heterosexual y monógama- de la sexualidad humana, y rechazaron la ordenación de homosexuales practicantes por una mayoría del ochenta y tantos por ciento; así que quienes siguen insistiendo en dicha ordenación están claramente fuera de orden. En 1998 la enseñanza y la disciplina bíblicas sobre el tema se mantuvieron gracias a las provincias anglicanas del llamado Tercer Mundo, más pobres en lo económico pero espiritualmente más ricas que las occidentales. La Iglesia de Inglaterra lleva años aceptando las relaciones homosexuales estables entre laicos - aunque desde luego no todo el mundo está de acuerdo con ello -, por lo que no resulta ilógico que ahora se plantee la ordenación o consagración de ministros homosexuales (además ya han reconocido haber consagrado a un par de obispos homosexuales bajo cuerda). El problema que tiene planteado la Comunión Anglicana es sin embargo más complejo que el de romper la comunión con tal o cual diócesis rebelde, ya que el Arzobispo de Canterbury es la cabeza oficial de toda la Comunión Anglicana. ¿Qué se puede hacer entonces? No es lógico que una minoría le imponga su voluntad a la mayoría, ni que los díscolos parezcan ser quienes tienen la razón o andan ordenadamente. Sin embargo, a menos que cambien las normas y que el Arzobispo de Canterbury no sea elegido únicamente por la Iglesia de Inglaterra - con todas sus connotaciones políticas -, la cosa tiene difícil solución. Tal vez haya que ir a una nueva estructura o un nuevo modo de designación del primado anglicano más democrático, dejando atrás las reliquias imperiales. El arzobispo Rowan Williams llegó a la sede de Canterbury en medio de una fuerte polémica por su postura favorable a la ordenación de homosexuales practicantes, y aunque luego afirmó que no dejaría que sus preferencias personales primaran sobre el sentir de la Comunión Anglicana, es obvio que no ha querido o podido mantenerse en su decisión. Sus pocas pero significativas palabras y su falta de determinación para frenar la consagración de Jeffrey John han abierto una brecha en la Comunión Anglicana y en la propia Iglesia de Inglaterra que tiene preocupada a la propia Reina. ¿En qué nos afecta todo eso a nosotros? La Iglesia Española Reformada Episcopal es una diócesis extraprovincial - es decir, que no forma parte todavía de ninguna provincia anglicana -, pero ha estado bajo la supervisión directa del Arzobispo de Canterbury, al que solicitó que fuera su metropolitano cuando ostentaba el cargo el Dr. George Carey - un hombre de profundas convicciones bíblicas y que en 1989, en Lambeth, alzó claramente su mano en contra de la ordenación de homosexuales practicantes-. ¿Qué debe hacer entonces la IERE? Creo que sobre todo mantenerse fiel a la enseñanza bíblica y echar su suerte con los que sigan esta misma norma; aunque ello implique perder el beneplácito e incluso el apoyo económico de algunas iglesias económicamente fuertes del mundo occidental - algo para lo cual el arzobispo Akinola, por ejemplo, ya está preparando a su provincia-. Y en segundo lugar, (en caso de otro conflicto de este índole con Canterbury - editor) ponerse bajo el cuidado de otro metropolitano más idóneo para guardar a la grey de Dios en tiempo de muchos lobos (Hch 20:28, 29). www.anglicanos.net - juntos en la Red anglicanos.net "juntos en la Red" / "Semillas de Fe" copyright 1998-2003 desde Asunción, Paraguay | julio 2003 |