The Church of England Newspaper
Nº 5721 10 de
junio de 2004
Algunos primados piden la
expulsión del Canadá
La brecha en la
Comunión Anglicana se ha abierto más después de
que los Primados conservadores pidieran la expulsión de la
Iglesia canadiense por respaldar las relaciones homosexuales en los
mismos términos que se utilizan para el matrimonio. Las
esperanzas de que la decisión del Sínodo General de esa
Iglesia, de posponer una controvertida votación sobre la
bendición de las uniones homosexuales, ayudaría a
mantener la frágil paz existente, se hicieron añicos
cuando el Sínodo aprobó una enmienda de última
hora describiendo [las relaciones homosexuales comprometidas] como
«santas». La Comisión
Eames, creada para resolver la crisis de la Comunión Anglicana
sobre la homosexualidad, había pedido un período de
moderación; sin embargo uno de los miembros más
destacados de la misma, el arzobispo Drexel Gómez,
explicó que la acción de la Iglesia canadiense
había acabado con dicho período.
Gómez, primado de
las Indias Occidentales, expresó que la enmienda aprobada iba
más lejos que la moción original, al afirmar «la
integridad y santidad» de las uniones homosexuales: un lenguaje
que, argumentó, «está solamente reservado para el
matrimonio [tradicional] ». Y advirtió que tal
acción «tendría unas consecuencias
devastadoras».
Hablando en nombre de los
primados del Sur Global, que representan a unos 50 millones de miembros
de los 70 millones que tiene la Comunión Anglicana en todo el
mundo, el arzobispo Greg Venables explicó que la misma demanda
de expulsión contra la Iglesia Episcopal americana se aplica
ahora al Canadá. El arzobispo
Venables -primado de
Sudamérica- expresó: «El
uso del término “santidad” implica que la cuestión ya ha
sido decidida, lo cual resulta devastador: equivale a decir que Dios ha
accedido a bendecir las uniones homosexuales; puesto que la palabra
implica que no sólo es correcto, sino que constituye la voluntad
de Dios, y que es algo que él ha elegido para la raza humana. Equivale a rescribir la fe cristiana: no hay
nada en la Biblia acerca de la santidad de las relaciones homosexuales. La acción de Canadá no hace sino
confirmar la triste realidad de que la familia anglicana se halla
fragmentada”. Y añadió:
«Nuestro deseo sería que se los expulsara [de la
Comunión Anglicana]: lo suyo es una oposición a la fe
cristiana, y por tanto deberían bien arrepentirse bien marcharse
y cerrar la puerta tras de sí».
El arzobispo de Canterbury, Dr.
Rowan Williams, se había alegrado del aplazamiento por parte del
Sínodo canadiense de una decisión sobre la
bendición de uniones homosexuales, que según él
evitaba «un cambio estructural que habría sido contrario a
los ruegos y deseos del encuentro de Primados del otoño
pasado».
Lambeth Palace
todavía no ha respondido a la enmienda de última hora, la
cual Dennis Drainville - arcediano de Québec-, defendió como un
intento «de indicar nuestra creencia de que cuando dos personas
se comprometen la una con la otra en una relación, en medio de
dicha relación se encuentra Dios».
El
delegado juvenil Robin Hansen objetó a esto diciendo: «No
estoy listo para decir que después de 2000 años de
enseñanza de la Iglesia, en una sola generación podamos
expresar: “No, chicos, estáis todos equivocados, y nosotros
sabemos la verdad”».
Al final de la
sesión, el obispo Don Harvey, de Terranova Oriental y Labrador,
leyó una declaración de parte de nueve obispos, que
decía: «La opinión del Sínodo General es
errada y contraria a la enseñanza de la Escritura y de la
tradición de la Iglesia indivisa».
La reunión de la
Comisión Eames de este mes [sábado 12 de junio] se
consideraba ya crítica antes de los sucesos de Canadá,
pero ahora tendrá más cosas que plantearse después
de las nuevas complicaciones.
traducción: Juan Sánchez Araujo, España