@nglicanos.net semillas de fe

 
 
"Cuando ya no pueda..."

(una carta especialmente para los que tienen padres ancianos.)

"El día que esté viejo y ya no sea el  mismo, ten paciencia y compréndeme.
    Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide cómo atarme los zapatos, recuerda las horas que  pasé enseñándote a hacer las mis- mas cosas.
     Si cuando converses conmigo repito y repito la misma historia que tú conoces de sobra como termina, no me interrumpas y escúchame. 
     Cuando eras pequeño, para que te durmieras, tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerraras tus ojitos.
     Cuando estemos reunidos y sin querer haga mis necesidades no te avergüences y compren- de que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas.
     Piensa cuantas veces te ayude de niño y estuve pacientemente a tu lado esperando a que terminaras lo que estabas haciendo.

      No me reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello. Recuerda los momentos que te perseguía y los mil pretextos que inventaba para hacerte más agradable tu aseo.

 Acéptame y perdóname ya que el niño ahora soy yo.

Cuando me veas inútil e ignorante  frente a todos los aparatos tecnológicos que ya no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarme con tu sonrisa burlona.
    Acuérdate que fui yo el que te  enseñó tantas cosas. Comer, vestirte, la educación para enfrentar la vida tan bien como lo haces, son el producto de mi esfuerzo y perseverancia por ti.

 Si alguna vez ya no quiero comer, no me insistas. Sé cuanto puedo hacer y cuanto no debo hacer.
    También comprende que con el tiempo ya no tengo dientes para morder ni gusto para saborear.
Cuando me fallen mis piernas por estar cansadas para andar dame una mano tierna para apoyarme, como lo hice yo cuando comen- zaste a caminar con tus débiles piernecitas.
     Por último, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir y sólo desearía morir, no te enfades.  Algún día entenderás que esto no tiene nada que ver con tu cariño ni con cuánto te amo. 

Trata de comprender que ya no vivo sino sobrevivo y eso no es vivir.

    Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer. Piensa entonces que con el paso que me adelanto a 
dar estaré construyendo para ti otra ruta en otro tiempo, pero siempre contigo.
    No te sientas triste o impotente por verme como me ves. Dame tu corazón, compréndeme y apóyame como yo lo hice, cuando empezas- te a vivir. De la misma manera como te he acompañado en tu sendero te  ruego me acompañes a terminar el mío.
     Dame amor y paciencia que yo te devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tengo por ti.

      Atentamente,
             Tus Padres!"


una oración:
Señor, gracias te damos por nuestros padres y por poder cuidarles en su vejez como ellos nos han cuidado siempre. 
     Danos paciencia y comprensión hacia ellos y que crezca el amor entre nuestros familiares. 
Por Cristo, nuestro Señor, Amén.
volver al menú principalInicio
Semillas - índice
gracias a Juan Carlos Diez
por esta semilla