| Artículos
de la Religión
21. De la Autoridad de los Concilios Generales. [El Artículo Vigésimoprimero de los Artículos antiguos se omite por tener una naturaleza local y civil, y se sustituye en las demás partes, de los otros Artículos.] 22. Del Purgatorio. La doctrina Romana concerniente al Purgatorio, Indulgencias, Veneración y Adoración, así de Imágenes como de Reliquias, y la Invocación de los Santos, es una cosa tan fútil como vana- mente inventada, que no se funda sobre ningún testimonio de las Escrituras, antes bien repugna a la Palabra de Dios. 23. Del Ministerio en la Congregación. No es lícito a hombre alguno tomar sobre sí el oficio de la Predicación pública, o de la Admini- stración de los Sacramentos en la Congre- gación, sin ser antes legítimamente llamado, y enviado a ejecutarlo. Y a estos debemos juzgarlos legalmente escogidos y llamados a esa obra por los hombres que tienen autoridad pública, concedida en la Congregación, para llamar y enviar Ministros a la Viña del Señor. 24. Del lenguaje en la congregación en un idioma que entienda el Pueblo. El Decir
Oraciones públicas en la Iglesia, o administrar los Sacramentos
en lengua que el pueblo no entiende, es una cosa claramente repugnante
a la Palabra de Dios y a la costumbre de la Iglesia primitiva. |
25. De los Sacramentos. Los Sacramentos instituidos por Cristo, no solamente son señales de la Profesión de los Cristianos, sino más bien unos testimonios ciertos, y signos eficaces de la gracia y buena voluntad de Dios hacia nosotros por los cuales obra Él invisiblemente en nosotros y no solo aviva, mas también fortalece y confirma nuestra fe en Él. Dos son los Sacramentos ordenados por nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio, a saber, el Bautismo y la Cena del Señor. Los otros cinco
que comúnmente se llaman Sacramentos; la Confirmación, la
Penitencia, las Órdenes, el Matrimonio, y la
Extremaunción, no deben reputarse como Sacramentos del
Evangelio, habiendo emanado, en parte, de una imitación
pervertida de los Apóstoles, y en parte son estados de la vida
aprobados en las Los Sacramentos no fueron instituidos por Cristo para ser contemplados, o llevados en procesión, sino para que hagamos debidamente uso de ellos. Y sólo en aquellos que los reciben dignamente producen ellos el efecto saludable, pero los que indignamente los reciben, se adquieren para sí mismos, como dice San Pablo, condenación. |
|
|
|