Artículos
de la Religión
5. Del
Espíritu Santo.
El Espíritu
Santo, procede del Padre y del Hijo, es de una misma substancia,
Majestad, y Gloria, con el Padre, y con el Hijo, Verdadero y Eterno
Dios.
6. De la
Suficiencia de las Sagradas Escrituras para la Salvación.
La Escritura Santa
contiene todas las cosas necesarias para la Salvación: de modo
que cualquiera cosa que no se lee en ellas, ni con ellas se prueba, no
debe exigirse de hombre alguno que la crea como artículo de Fe,
ni debe ser tenida por requisito necesario para la Salvación.
Bajo el nombre de Escritura Santa entendemos aquellos Libros
Canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento. De cuya autoridad
nunca hubo duda alguna en la Iglesia.
De los Nombres
y Números de los Libros Canónicos.
Génesis,
Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio,
Josué, Jueces, Rut, 1 Samuel,2 Samuel, 1 Reyes, 2 Reyes, 1
Crónicas, 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester,
Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares, Isaías,
Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel,
Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum,
Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías.
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Los
otros Libros (como dice San Gerónimo), los lee la Iglesia para
ejemplo de vida e instrucción de las costumbres; mas ella, no
obstante no los aplica para establecer doctrina alguna; y tales son los
siguientes;
3 Esdras, 4
Esdras, Tobías, Judit, El Resto de Libro de Ester,
Sabiduría, Jesús el Hijo de Sirac, Baruc el Profeta,
Mancebos, Susana, Bel y el Dragón. Manasés, 1
Macabéos, 2 Macabéos.
Recibimos y contamos
por Canónicos todos los Libros del Nuevo Testamento,
según son recibidos comúnmente.
7. Del Antiguo
Testamento.
El Antiguo
Testamento no es contrario al Nuevo; puesto que en ambos, Antiguo y
Nuevo, se ofrece vida eterna al género humano por Cristo, que es
el solo Mediador entre Dios y el hombre, siendo Él, Dios y
Hombre. Por lo cual no deben escucharse los que se imaginan que los
antiguos Patriarcas solamente tenían su esperanza puesta en
promesas temporales.
Aunque la Ley de Dios dada por medio de Moisés, en lo tocante a
Ceremonias y Ritos no obliga a los Cristianos, ni deben necesariamente
recibirse sus preceptos Civiles en ningún Estado, no obstante, no
hay Cristiano alguno que esté exento de la obediencia a los
Mandamientos que se llaman Morales.
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